Por JAVIER FUENTESEl problema del endeudamiento externo son las consecuencias de antiguos préstamos, la evasión fiscal y los subsidios.
Ahora lo explicamos:
Nuestro país enfrenta hoy una presión financiera que no nació en esta administración, sino que se ha acumulado durante más de dos décadas. La evolución de la deuda pública consolidada —según datos del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (CREES)— “muestra un incremento de 1,803% entre el año 2000 y mayo de 2026”. Este crecimiento no es un fenómeno aislado: es la consecuencia directa de un sistema fiscal debilitado por la evasión fiscal, una estructura de subsidios permanentes y un modelo de financiamiento estatal que depende del endeudamiento para sostener operaciones básicas.
En este contexto, los préstamos contratados por el presidente Luis Abinader no responden a una preferencia política, sino a una necesidad estructural: mantener funcionando un Estado que recauda menos de lo que necesita y gasta más de lo que puede reducir sin generar inestabilidad social.
En palabras sencillas: paga deudas. Gasta más de lo que tiene. Y en ocasiones en lo innecesario. De ahí nace la frase “calidad en el gasto”.
La evasión fiscal: el agujero negro del sistema tributario
La República Dominicana tiene una de las presiones tributarias más bajas de América Latina. Pero el problema no es la baja en la estructura impositiva, sino la magnitud de la evasión.

“La evasión del ITBIS supera el 41%”. (DGII, 2022). “La evasión del Impuesto Sobre la Renta empresarial ronda el 50%”. (DGII, Estudio de Brechas de Cumplimiento 2023)
Esto significa que casi la mitad de la actividad económica no contribuye al fisco.
Si la evasión del ITBIS supera el 41%, significa que por cada RD$100 que el Estado debería recaudar por este impuesto, deja de recibir más de RD$41. Con respecto al Impuesto Sobre la Renta empresarial: una evasión cercana al 50% significa que se pierde aproximadamente la mitad de la recaudación potencial de ese tributo.
Aunque las cifras de evasión fiscal que presentamos son estimaciones de años anteriores y, por tanto, deben considerarse conservadoras, no pueden ser ignoradas.
La DGII ha logrado incrementar las recaudaciones mediante una mayor eficiencia administrativa y por el crecimiento de la actividad económica; sin embargo, la brecha tributaria continúa representando un desafío.
En una economía que se expande, también aumenta el volumen potencial de recursos que el Estado debe captar para responder a las crecientes necesidades de la población.
Para tener una idea del orden de magnitud: si en 2026 la recaudación potencial de estos impuestos estuviera en niveles similares a los últimos años, la pérdida combinada podría representar decenas de miles de millones de pesos dominicanos anuales, posiblemente en un rango aproximado de RD$150 mil a RD$250 mil millones, dependiendo del crecimiento de la economía, la base tributaria y la eficiencia de la DGII. Eso sería el 2.9% del PIB de este año y el 13.7% del Presupuesto Nacional.
Las cuentas nos obligan a una reforma fiscal que no solo se enfoque en crear nuevos impuestos, sino también en reducir la evasión fiscal, ampliar la base tributaria y mejorar la capacidad de cobro del Estado.
En palabras del economista José Rijo Presbot: “La evasión fiscal es el principal enemigo de la sostenibilidad del gasto público.” (Entrevista en CDN, 2024)
Cuando el Estado opera con ingresos insuficientes, el déficit fiscal se vuelve permanente. Y cuando el déficit es estructural, el endeudamiento deja de ser una herramienta excepcional y se convierte en un mecanismo de supervivencia.

Los subsidios: gasto rígido que el Estado no puede eliminar
A la evasión se le suma el peso de los subsidios en: electricidad, gas licuado de petróleo (GLP), transporte, agua potable, combustibles, y programas sociales focalizados, etc.
El subsidio eléctrico es el más costoso. Según el Ministerio de Energía y Minas, “el Estado destinó más de RD$55,000 millones en 2023 para cubrir las pérdidas de las distribuidoras”. (Informe de Subsidios Energéticos 2023). Esa cifra aumentó.
El economista Ernesto Selman lo resume así: “Los subsidios se han convertido en un gasto rígido que limita la capacidad del Estado para invertir en desarrollo.” (CREES, Análisis del Gasto Público 2024). De igual forma se han expresado Andrés Dauhajre y Jaime Aristy Escuder.
Mientras estos subsidios no se reformen, el Estado seguirá obligado a financiar déficits con deuda.
La trampa de la deuda: rollover, intereses y desplazamiento del gasto
El país ha entrado en lo que los economistas llaman trampa de deuda o bola de nieve financiera. Este fenómeno se explica así: Rollover de deuda: refinanciar para poder pagar. Cuando vencen bonos internacionales o préstamos del pasado, el Estado dominicano rara vez tiene liquidez para pagarlos. Lo que hace es refinanciar: tomar nueva deuda para pagar la vieja.
En términos más llanos: círculo vicioso.
Según el Ministerio de Hacienda, “en 2025 más del 62% de las emisiones de bonos soberanos se destinaron exclusivamente a refinanciar vencimientos previos”. (Hacienda, Informe de Deuda Pública 2025)
Pago de intereses: el gasto que drena el presupuesto
A diferencia del capital, los intereses no se refinancian: se pagan. Y representan un gasto enorme. El Banco Central estima que “el 24% de todos los ingresos fiscales se destina únicamente al pago de intereses de la deuda acumulada”. (BCRD, Panorama Macroeconómico 2024)
Ese dinero sale del presupuesto nacional y se transfiere a inversionistas internacionales y acreedores multilaterales.
Desplazamiento del gasto público: menos recursos para servicios esenciales
Cuando una cuarta parte de lo recaudado se consume pagando intereses, el Estado queda con menos recursos para salud pública, seguridad ciudadana, educación, infraestructura, subsidios energéticos y programas sociales.
Entonces, para evitar un colapso de estos servicios, el Gobierno aprueba cada año un presupuesto con déficit para cubrir ese faltante con nuevos préstamos.
En palabras del economista Miguel Ceara Hatton: “El stock de deuda heredado genera un gasto fijo tan grande que obliga a seguir endeudándose solo para mantener las estructuras del Estado funcionando.” (Conferencia UASD, 2023)
Los préstamos de Abinader en su contexto real
Los préstamos recientes no son para expandir el gasto, sino para sostener el funcionamiento del Estado en un entorno marcado por: déficits heredados, evasión fiscal persistente, subsidios rígidos, inflación global, crisis energética internacional, aumento de tasas de interés y vencimientos acumulados de deuda pasada.
El gobierno actual administra una estructura fiscal que ya estaba comprometida antes de 2020. Como señala el CREES: “La deuda pública dominicana es el resultado de decisiones acumuladas durante dos décadas.” (CREES, Evolución de la Deuda Pública Consolidada 2000–2026)
En ese sentido citamos al expresidente Danilo Medina, Rendición de Cuentas, 27 de febrero de 2019: “El déficit fiscal se situó en 2.2% del PIB.”
En las tres administraciones, el déficit fiscal más bajo y manejable se registró bajo el gobierno de Luis Abinader en 2023, con 3.1% del PIB, incluso en un contexto de endeudamiento por pandemia y recuperación económica.
Danilo Medina venía de un déficit alto y cerró 2019 con 2.2% del PIB, mientras que Leonel Fernández registró el mayor déficit de la historia reciente en 2012, entre 6.6% y 8% del PIB según Hacienda, FMI y CEPAL.
¿Cómo afecta esto la calificación crediticia del país?
Las agencias Moody’s, Fitch y S&P evalúan tres factores: nivel y dinámica de la deuda, capacidad futura de pago y estabilidad fiscal y política. Un país que vive en financiamiento permanente y destina 24% de sus ingresos a intereses es percibido como de mayor riesgo. Esto encarece cada nuevo préstamo y agrava la bola de nieve.
Según Fitch Ratings: “La rigidez del gasto y la dependencia del endeudamiento limitan la capacidad de mejorar la calificación soberana.” (Action Report RD 2024)
¿Puede una reforma fiscal romper este ciclo?
Sí, pero debe ser integral: Combatir la evasión fiscal con digitalización total y sanciones efectivas. Reordenar subsidios para que sean focalizados y eficientes. Reducir el déficit fiscal. Fortalecer la capacidad de inversión pública. Mejorar la credibilidad ante los mercados internacionales.
Una reforma fiscal seria y responsable, construida mediante el consenso entre los agentes económicos, la dirigencia partidaria y las organizaciones sociales, fortalecería la confianza de los mercados, mejoraría la calificación crediticia soberana y contribuiría a reducir el costo del financiamiento.
Conclusión
El endeudamiento externo reciente no es un fenómeno político coyuntural, sino la consecuencia directa de dos fallas estructurales: la evasión fiscal y el peso de los subsidios permanentes.
El gobierno de Luis Abinader ha tenido que recurrir a préstamos para sostener el funcionamiento del Estado en un contexto de déficit crónico y presiones financieras acumuladas.
La discusión pública debe moverse del monto de la deuda hacia las causas que la generan. Solo así será posible construir un modelo fiscal sostenible que permita reducir la dependencia del endeudamiento y fortalecer la estabilidad económica del país.
Por consiguiente, si un aspirante a la Presidencia no te habla de esto, no le creas que podrá solucionar los problemas nacionales.
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