POR LUIS M. GUZMAN
Durante generaciones, el derecho al voto fue una conquista ser acariciada como símbolo de dignidad. Votar no era un simple trámite; era existir políticamente. Era decirle al poder que el ciudadano común también contaba, que su voz no podía borrada y que el destino nacional no debía decidirse únicamente entre élites, caudillos, aparatos o grupos cerrados de poder.
Por eso resulta tan dolorosa la paradoja actual, aquello que antes fue lucha, hoy se ha convertido para muchos en renuncia. El pueblo que antes reclamaba votar hoy, en una proporción alarmante, decide quedarse en casa. Ya no siempre lo excluyen de la urna; muchas veces se excluye a sí mismo, convencido de que su voto no cambia nada.
Esa abstención no puede mirarse como un simple dato frío. Es un mensaje. Puede expresar cansancio, rechazo, frustración, indiferencia, desconfianza o pobreza de expectativas. Pero cualquiera que sea su causa, produce un efecto concreto, reduce la participación real de la ciudadanía y deja la decisión en manos de quienes sí se movilizan.

Ahí nace lo que podemos llamar “la elección de los que no votan”. No porque los abstencionistas tengan un candidato propio ni porque aparezcan en la boleta, sino porque su ausencia termina pesando en el resultado. El que no vota no desaparece del proceso; simplemente permite que otros decidan por él.
La abstención suele vestirse de protesta moral. Muchos dicen, “no voto porque todos son iguales”, “no creo en nadie”, “ningún político sirve”. Pero la democracia no cuenta disgustos silenciosos; cuenta votos. El sistema no se detiene porque el ciudadano se retire. El poder no queda vacante porque el inconforme se quede en su casa, siempre alguien lo llenará.
Ese es el drama, el ciudadano cree que castiga a los políticos no votando, pero muchas veces termina castigándose a sí mismo. Porque si el aparato organizado vota, si el voto duro vota, si los intereses movilizados votan y el ciudadano indignado se abstiene, el resultado no expresa necesariamente la voluntad profunda del país, sino la disciplina de quienes sí participaron.
Antes el problema era que al pueblo no siempre lo dejaban votar libremente. Hoy el problema es que una parte del pueblo, teniendo el derecho, ha dejado de creer en su propio voto. Es una forma distinta de pérdida democrática, no se cierra la urna, pero se vacía de ciudadanía.
La abstención no es neutral
Puede beneficiar a la peor opción, no porque el abstencionista la apoye, sino porque no hizo nada para impedirla. Puede fortalecer al poder que critica, consolidar al gobierno que rechaza o permitir que una minoría organizada gobierne sobre una mayoría ausente.
Por eso hay que decirlo sin adornos, “quien no vota también elige”. Elige por omisión, por silencio, por abandono del terreno. Puede no sentirse responsable del resultado, pero su ausencia forma parte de la ecuación que lo produjo. En política, dejar de decidir también es una manera de decidir y mientra más amplia la abstención, como las dos ultimas elecciones, más responsabilidad recae sobre los que se abstienen de votar.
El abstencionista no se va de la vida pública. Luego vuelve a las largas filas del hospital, a las altas facturas eléctricas, al mercado caro, al tapón en la carretera, al barrio inseguro y lleno de criminalidad, al sueldo que no alcanza ni para una comida digna, a la escuela deteriorada y al servicio público deficiente. La elección que ignoró regresa a su vida convertida en una cruda consecuencia de su abandono.
El derecho al voto fue conquistado para que el pueblo no fuera espectador de su destino. Pero cuando casi medio país decide no participar, la democracia se debilita por dentro. Las urnas siguen abiertas, los partidos compiten, los boletines se emiten, pero la voluntad popular llega incompleta.
La gran pregunta hacia el futuro no es solamente quién ganará la próxima elección. La pregunta más profunda es esta, ¿qué pasará si el país que no votó decide votar? Porque el día en que la mayoría ausente despierte, la elección dejará de ser administrada por maquinarias y volverá a pertenecerle al pueblo.
JPM
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario