La Niña Que Asesinó Nazis en Bicicleta
Septiembre de 1943. Harlem, Molanda. Imagina la escena. Una tarde nublada bajo la ocupación nazi. Por la calle adoquinada pedalea una niña. Tiene 14 años. Lleva el pelo oscuro trenzado en dos coletas que se mueven al ritmo de su bicicleta. Parece la imagen misma de la inocencia. El tipo de niña que verías haciendo recados para su madre o volviendo de la escuela con los libros bajo el brazo.
Delante de ella un puesto de control alemán. Soldados armados con subfusiles escaneando a cada peatón, buscando terroristas, espías, cualquier cosa sospechosa. La niña se acerca sin frenar. Los soldados la miran. Ven su cara infantil, ven sus trenzas, se relajan, le hacen un gesto con la mano, pasa, pequeña.
Ni siquiera se molestan en revisar la cesta de mimbre de su bicicleta. Ese es el error que les costará la vida a muchos de sus camaradas. Porque bajo un trapo viejo entre lo que parecen ser compras de supermercado, descansa una pistola FN Herstal cargada. Y esa niña, Freddy Overstigen, no es una estudiante, es una asesina entrenada.
Es la primera de su grupo en apretar el gatillo y está a punto de convertirse en una de las leyendas más letales y olvidadas de la Segunda Guerra Mundial. Esta es la historia de cómo una adolescente utilizó la subestimación del enemigo como su arma más mortal y del precio terrible que tuvo que pagar por ello.
Para entender cómo una niña termina ejecutando soldados en un bosque, primero tenemos que entender de dónde vino. Freddy no nació en la riqueza, nació en la lucha. Nacida en 1925, su infancia transcurrió en una barcaza en los canales de Holanda. La pobreza era su compañera constante. Su familia no tenía dinero, pero tenían algo más peligroso, ideales.
Su madre, Trishnista, una mujer de convicciones de acero, que creía que la justicia no era algo que se pedía, sino algo que se hacía. Antes incluso de que cayeran las bombas, la barcaza de los Oberstigen ya era un refugio. Escondían a refugiados de Lituania, a perseguidos políticos en la bodega del barco.
Freddy y su hermana mayor, Truce aprendieron desde la cuna que cuando alguien necesita ayuda, tú ayudas. Sin preguntas, sin importar el riesgo, el padre de Freddy las abandonó. Freddy recordaría siempre ese momento. Él de pie en la proa del barco, cantándoles una canción de despedida en francés, un gesto romántico, triste e inútil. Se quedaron solas. Fuente…

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