Si en este momento abres una aplicación de mapas para conocer tu ubicación, déjame decirte que es gracias a una mujer que fue ignorada durante más de cuarenta años. Su nombre es Gladys West y su historia comienza muy lejos de la tecnología, para ser precisos, comienza en los campos de tabaco de Virginia durante la década de 1930.
Nacida en una comunidad donde el destino de una niña afroamericana estaba escrito antes de que aprendiera a caminar, Gladys debía heredar la falta de recursos, el trabajo de sus padres y la falta de oportunidades.
Sin embargo, ella descubrió que, más allá de tener unas manos sin habilidad para cosechar, si tenía una mente con una capacidad extraordinaria para entender números, formulas y ecuaciones. Esa habilidad fue su boleto de salida hacia una beca universitaria y, eventualmente, hacia la base naval de Dahlgren en 1956.
Gladys fue una mujer afroamericana que como muchas marcó un hito en la historia, al entrar en un laboratorio militar del sur segregado de Estados Unidos, rodeada de hombres blancos, quienes no esperaban que durase una semana.
Gladys no solo se quedó, sino que pasó de ser una "computadora humana" que hacía cálculos a mano a dominar las primeras supercomputadoras de la historia. Fue allí donde le asignaron la tarea de definir la forma exacta de la Tierra, algo imposible para muchos hombres, pero para ella era un desafío que daría el inicio a su legado.
El problema es que nuestro planeta no es una esfera perfecta, sino una masa irregular y deforme llena de bultos causados por la gravedad y las montañas. Para que un satélite pueda ubicar a una persona con precisión, alguien tenía que traducir esas imperfecciones al lenguaje matemático. Gladys West dedicó años de su vida a crear un modelo extremadamente preciso del geoide terrestre.
Sin ese modelo matemático que ella perfeccionó en silencio, la tecnología GPS que hoy guía aviones, barcos y nuestros propios teléfonos simplemente no funcionaría.
Gladys se jubiló en 1998 sin decirle a nadie lo que había hecho. El mundo usaba su gran trabajo a diario, pero nadie sabía su nombre. Décadas más tarde, cuando parecía que el tiempo la dejaría bajo las sombras, en 2018, una breve biografía enviada por casualidad a una reunión de exalumnos reveló la verdad.
Tenía 87 años cuando la Fuerza Aérea finalmente la reconoció como una de las arquitectas de la era moderna. Una mujer que inspira a seguir trabajando fuerte, sin querer reconocimiento, solo aquellas inmensas ganas de aportar al mundo un cambio para mejorar.
Este artículo se basa en registros y biografías autorizadas. The Guardian / BBC (Biografía). El contenido de Universo Sorprendente tiene fines informativos, educativos y de divulgación histórica. Fuente…

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