sábado, 24 de octubre de 2026

El coquero que financió una carrea universitaria a puro machetazo

 


EL COQUERO QUE FINANCIÓ UNA CARRERA UNIVERSITARIA A PURO MACHETAZO

Por Rafael Martínez
MOCA.- A las 10 de la mañana, cuando Moca ya está hirviendo de motores y bocinas, una camioneta llena de cocos se parquea en la Antonio de la Maza esquina Presidente Ramón Cáceres. No es carga, es la vida de un hombre que llega.
De la camioneta se baja Antonio Manuel Martínez. 52 años, de La Isleta. Y detrás de él quedan cientos de cocos verdes, amontonados como balas de cañón, que viajaron desde Nagua y Río San Juan para terminar partidos en Moca.
Hace 12 años que esa camioneta es su oficina móvil. Llega, descarga, se organiza y empieza. De lunes a sábado, hasta que cae la noche, no se mueve de ahí.
Tiene el cuerpo marcado: diabetes, mala circulación, presión alta. Tres sentencias médicas que para otro serían motivo para quedarse acostado. Para Antonio son el combustible para salir con la puesta del sol desde su casa a ganarse la vida de manera honrada.
Con un machete que ya es extensión de su mano, parte entre 60 y 150 cocos diarios. El vaso a 75 y 90 pesos, el galón a 550. Cada golpe es un peso, cada vaso es un paso.
Es el coquero más viejo de Moca. No por años, por permanencia. Porque mientras otros cambian de esquina, de oficio, de excusa, él sigue ahí, con su camioneta llena de cocos como un pequeño colmado ambulante que le da sombra a la ciudad.
Y con esos cocos, con esa camioneta que va y viene de la costa, financió la carrera profesional de su único hijo. Un título universitario pago a base de agua de coco. Díganme si eso no es un doctorado en dignidad.
Si lo ve descargando la camioneta, ayúdelo con la mirada, con el respeto. Y cómprele un vaso bien frío. Que todavía hay hombres que no esperan que le regalen nada.
El autor es periodista con más de 35 años de trayectoria, corresponsal de AN7 en la Región Norte y propietario del canal SIEMBRA TV-RD.

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