miércoles, 28 de octubre de 2026

Cuando el pollo importado se come al de aquí

 

Por: Rafael Martinez
CUANDO EL POLLO IMPORTADO SE COME AL POLLO DE AQUÍ

El pollo ya no está en la granja. Está varado. En Moca, donde la gallina era la alcancía del pobre, el productor Alfranny Ferreira no cuenta pollos, cuenta pérdidas. Lo dijo sin plumas en la lengua, en Meridiano Agropecuario: "Estamos vendiendo a RD$35 lo que nos cuesta RD$40 producir".
La matemática es un hacha. Y le está cayendo al cuello al pequeño productor.
El pacto era claro, dice Ferreira: el sector privado se comprometió a subir la producción nacional a 23.4 millones de pollos al mes. El campo cumplió. Parió pollos. Pero mientras la granja nacional se inflaba, por el puerto entraba, silencioso y congelado, el competidor que no cacarea.
Las importaciones pasaron de ser una llovizna — menos del 3% — a convertirse en un aguacero — más del 10% de la producción local. Un pollo de nevera que viaja miles de kilómetros, que no genera empleo en Espaillat, que no paga al muchacho que limpia la granja a las 5 de la mañana.
Y aquí está la ironía cruel que Ferreira puso sobre la mesa: en la granja el pollo se regala a menos de RD$35 la libra, vivo, caliente, dominicano. En el colmado, ese mismo pollo — o su primo importado — se cobra a RD$80 y a RD$95. El productor se quiebra. El consumidor paga caro. En el medio, alguien se está comiendo la pechuga más grande.
Por eso no pidió limosna. Pidió orden.
Le pidió al presidente Luis Abinader que mire el puerto con la misma lupa que mira la granja. Que revise quién está autorizando pollo congelado en un país que ya produce pollo de más. Que la planificación no sea solo para los grandes, que el apoyo aterrice también donde hay 5 mil pollos y no 50 mil.
Si no, advirtió, el canto que se va a apagar no es el del gallo. Es el de la granja.
Y cuando se apaga una granja en Moca, no solo se muere un pollo. Se apaga un empleo, se apaga una familia, se apaga un pedazo de la soberanía alimentaria de este país.

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