CHEA MOTONETA: LA MUJER DE LA FUNDA Y LA VOZ QUE RETUMBABA
Por Rafael Martínez
Describir este personaje pintoresco sin datos biográficos no me resulta fácil, pero por su originalidad me atrevo a escribir algo. Porque hay gente que no cabe en un acta. Hay gente que cabe mejor en un cuento.
Ella es Chea Motoneta. Ese fue su nombre verdadero, el que le puso el pueblo. Pero en el registro del Estado Civil, en esa letra fría de los libros, figura como Aquilina Mercedes Pérez Camacho. Nativa de Juan López Abajo. A la fecha tendría 91 años, porque nació el 10 de abril de 1935. Tenía apenas 64 cuando dejó de existir, el 5 de febrero de 1999, en casa de su hija, en el distrito municipal de Las Lagunas.
Yo hoy la recuerdo. La recuerdo como si fuera ayer.
La recuerdo caminando de prisa por las calles de Moca. No caminaba, disparaba los pies. Con una funda plástica llena de alimentos colgando de la mano, como si llevara en esa funda toda su casa a cuestas. Se acercaba, te miraba fijo, y sin rodeos, sin el perdón y el por favor que nos enseñan en la escuela, soltaba: "¡Dame algo!".
No era una petición. Era una orden. Una orden dicha con cariño, con esa autoridad que solo tienen los personajes que el pueblo quiere.
Con esa simpatía natural, con ese caminar estacado — como si fuera clavando cada paso en el asfalto caliente — y con una voz que no pedía permiso. Una voz que retumbaba. Una voz ronca, de pueblo, que se le metía a uno por los oídos y se quedaba viviendo ahí todo el día.
Chea no pedía limosna. Chea cobraba un impuesto. El impuesto de pertenecer al mismo pueblo. Tú le dabas, no por lástima, sino por respeto. Porque ella era parte del paisaje de Moca, como la Iglesia del Rosario, como el mercado.
Este personaje es propio de nuestra identidad como pueblo. Es de esa época registrada en los anales de nuestra historia pueblerina donde todavía la gente tenía apodo, sobrenombre y cuento. Donde los locos no eran locos, eran personajes. Donde las mujeres como Chea no eran invisibles, eran instituciones caminando con funda plástica.
Hoy ya no se ve a Chea cruzando la calle. Pero si cierras los ojos en Juan López Abajo, si te paras en una esquina de Las Lagunas y escuchas bien, todavía se oye su voz retumbando entre los parroquianos:
"¡Dame algo!"
Y Moca, generosa, todavía se lo da: le da memoria.
El autor es periodista con una experiencia de más de 35 años, en la actualidad representa a AN7 y es propietario del canal Siembra TV-RD.

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