AL CHINO FAJADOR LO NOQUEÓ LA INDIFERENCIA, EL OLVIDO, LA MISERIA Y LO VENCIÓ LA MUERTE
Por Rafael Martínez
José Miguel López. Ese era su nombre. Pero Moca nunca lo llamó así. Moca lo bautizó a su manera, como bautiza a sus hijos predilectos: "Chino Fajador".
Atleta mocano nacido en 1954, que se destacó en los años 70 y a principios de los 80 como boxeador y cinturón negro en karate. Era dinamita con guantes. Por su destreza, por su agilidad felina, por esa agresividad elegante en el deporte de la nariz chata, lo apodaron así. Y fue toda una sensación en el Club Kid 22-22. Ese gimnasio que era catedral de los puños, donde los muchachos pobres iban a soñar que eran campeones.
El Chino Fajador se destacó como boxeador. Representó al país en eventos internacionales. Puso en alto el nombre de Moca cuando Moca no salía en los mapas del deporte. Fue ídolo. Fue aplauso. Fue cartel.
Pero el aplauso es traicionero. Dura lo que dura el asalto. Y cuando se apagan las luces del ring, el boxeador se queda solo con su sombra.
En los últimos 20 años de su vida, el Chino Fajador se mantuvo marginado, abandonado, sumido en la miseria total. El mismo pueblo que lo aplaudió, lo olvidó. El mismo que gritó su nombre, dejó de pronunciarlo. De campeón pasó a indigente. De figura a fantasma. Caminando por las calles de Moca como un espectro de lo que fue, pidiendo lo que antes le regalaban: un poco de atención.
Hoy Moca se levanta sorprendida por su trágica muerte. Sorprendida, porque solo nos sorprende la muerte de los olvidados.
Su cuerpo fue encontrado en el arroyo del río Cacique. Llevaba 8 días desaparecido, pudriéndose en el monte, como si fuera un don nadie. Ocho días. Y nadie dio parte a la prensa de su desaparición. Nadie lo buscó con la desesperación con la que se busca a un ídolo.
Así murió el atleta. Así murió el boxeador de multitudes y aplausos. Así murió el cinturón negro. Así murió el personaje y la figura pintoresca. Solo, en un arroyo, devorado por el olvido antes que por la muerte.
El Chino Fajador nos deja una lección que duele más que un uppercut: en este pueblo idolatramos al campeón y abandonamos al hombre. Levantamos estatuas tarde, cuando ya no hay a quien abrazar.
Que la tierra te sea leve, Chino. Perdónanos por tan poco.
El autor es periodista con más de 35 años de experiencia, representante en el Cibao de AN7 y propietario del canal Siembra TV-RD.

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