martes, 26 de noviembre de 2013

MEDITACIONES INCONCLUSAS

SOLEDAD
 Por: Dr. Carlos Pérez
Algunos especialistas de la conducta humana; tienen una percepción limitada o unilineal de las personas que buscan refugio en la soledad, éstos la circunscriben a consecuencias de relaciones sociales deficientes, actitudes indeseadas, que tiene como escenario la angustia y la incertidumbre; es decir, que la soledad es presentada como algo pavoroso para la existencia del ser humano; obviando en la mayoría de los casos la posibilidad de las contribuciones que la misma puede hacer a la vida espiritual, intelectual, académica, artística y científica de la colectividad; si en ocasiones tristeza y soledad son lágrimas de silencio depositadas en la sensibilidad y que las mismas pueden convertirse en las aliadas fieles de la depresión; no menos cierto es, que el aislamiento puede auxiliar la irradiación auspiciadora de la creación de obras relevantes, de manera que los grandes filósofos, científicos y artistas, como Eráclito de Efeso, Tales de Mileto, Einstein, Platón, Aristóteles, Luis Van Beethoven, Goethe, Pablo Neruda, entre otros, han concebido sus aportes a la luz de la intimidad de la soledad; partiendo de estas aseveraciones, la soledad no debe ser concebida desde una perspectiva de indiferencia, exclusión, reclusión, nostalgia, desolación e improductividad.

 El proceso de recogimiento, no necesariamente guarda relación con marginación como refieren algunos psicólogos; pues la soledad, dependiendo de la concepción filosófica y humanística de la subsistencia, puede reconciliarse con el avío de la motivación para la reflexión e imaginación positiva. El hecho de que el hombre llegue a deleitarse de la hermandad que puede proporcionar la soledad o simplemente de estar recogido en un espacio, no significa la ausencia de las necesidades de afectos e interacción con otras personas.   
 No tiene la misma connotación para la sensibilidad, la soledad suspirada, adherida a las abstracciones, que la no anhelada, la primera accederá a la complacencia del espíritu a través de la sublimación del pensamiento trascendente, el cual viabiliza una alianza entre emociones y realidades, constituyéndose en la forma más adecuada de reencontrarse consigo mismo; y la segunda abre una plaza al desasosiego, el dolor y el naufragio; donde el sujeto se convierte en un ente infecundo; independientemente de las condiciones intelectuales que posee; debido a que los demonios que navegan por su interior entristecen sus pasiones.  

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