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La expulsaron de la casa al quedar embarazada a los 16 años TESTIMONIO DE UNA MADRE VALIENTE

Celeste Pérez
celeste.perez@listindiario.com
Santo Domingo

Cuando Escarlyn Cid tenía 16 años recién cumplidos, terminaba el colegio con planes de ingresar de inmediato a la universidad para cursar la carrera de Derecho. A pesar de ser una mujer hermosa creció con muchos temores. Con una infancia marcada por la inseguridad buscó refugio emocional en un amigo, un joven de 21 años, de quien luego se embarazó.

“Para que una persona pueda entender mi presente debo trasladarla a mi pasado. Soy la tercera hija de mi madre, una mujer humilde oriunda de Puerto Plata. Siendo muy joven salió embarazada y su pareja le pidió que abortara. Mi madre decidió seguir adelante con su gestación y llegué yo al mundo, pero sus precariedades económicas no le permitían ofrecerme una crianza digna, por lo que, a mis cuatro años, decide darme en adopción”.

Es así como Escarlyn pasa a formar parte de su nueva familia en la ciudad de Santo Domingo para vivir con una pareja que no podía concebir. “Recuerdo llegar llena de miedo a un lugar donde no conocía a nadie. Me declararon como su única hija, por primera vez tuve apellido, pero me cambiaron el nombre, sin ninguna explicación, como si yo fuera una mascota. Poco a poco me fui convirtiendo en una niña agresiva, con muchos temores y de pocas palabras. Lloraba cada noche en mi habitación… extrañaba tanto a mi madre”.

Sexo, un tema tabú
Los padres adoptivos de Cid, como muchos padres de adolescentes, tenían prohibido el tema sexual en la casa. “En ese entonces había pocos lugares donde una joven podía documentarse, sin internet, sin hermanos, y con pocas amigas. La única información sexual a la que tenía acceso era la que me suministraba un amigo con quien me involucré en una relación a escondidas”.

Al poco tiempo Ecarlyn fue parte de la estadística. Según un informe publicado recientemente por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) República Dominicana ocupa el primer lugar del Caribe con adolescentes embarazadas.

“Cuando supe que sería madre, lo primero que me llegó a la mente fue abortar. Mi novio no lo apoyó. Sentía que había defraudado a mis padres, con quienes tenía una deuda emocional por la adopción, no tenía idea de cómo iba a enfrentar la vida con un bebé. Fueron largas semanas de angustia y depresión en las que llegué incluso a desear morir”.

Pero lo que tanto temía Escarlyn sucedió: sus padres se dieron cuenta de que estaba embarazada. “Ese mismo día me expulsaron de la casa con aproximadamente dos meses de gestación. Tuve que ir a vivir a casa de mi novio. Mis padres dejaron de hablarme durante mucho tiempo y jamás recibí su apoyo económico, por lo que tuve que retirarme de la universidad”.

Un giro drástico no planificado
Escarlyn confiesa que vivió un embarazo triste. Sentía vergüenza, la sociedad y su familia la juzgaban implacablemente. “No recuerdo un día en el que no llorara. Cuando mi hija Wilesca nació todas mis prioridades cambiaron, mi mundo se transformó. Mientras mis amigas disfrutaban de la playa o la discoteca yo tenía que trabajar, cuidar la casa y atender a la niña. Casi no dormía, estaba en un estado de depresión, pero entendí que por ella debía seguir adelante”.

“Cambié de trabajo, me inscribí en una universidad más económica y seguí mi carrera de Derecho. Hacía malabares para distribuir el tiempo y el dinero. Era mucha responsabilidad para mi edad”.

Un año después la relación con sus padres había mejorado, y tomó la valiente decisión de separarse de su pareja y volver a su casa materna. “Ya en la casa de mis padres la carga económica era más liviana, por lo que pude ahorrar para comprar mi primer carro. Pero los problemas con mi madre se iban acentuando, discutíamos mucho y al cabo de un tiempo dispuse mudarme. Mis padres querían que dejara a la niña, alegaban que era muy joven y que no tenía experiencia, pero no lo dudé ni un segundo, mi hija se fue a vivir conmigo a un pequeño apartamento rentado, bajo mi única responsabilidad. No quería que ella pasara lo mismo que pasé yo, que crecí sin mis padres biológicos”.

Para concluir, su hija Wilesca dice: “Mi mamá es una mujer maravillosa, que sabe darle la importancia necesaria a cada cosa. Ella camina con la frente en alto, su mundo puede estar derrumbándose y se mantiene firme. A pesar de la niñez que tuvo, ella es mi ejemplo a seguir…”.

UNA ADOLESCENTE RESPONSABLE
“Me gradué de abogada y de locutora a pesar de que muchos apostaron a que no me iba a superar. Soy una mujer disciplinada y organizada con el dinero. Soy perseverante y positiva. Me refugié en Dios, aprendí a cuidarme y a ser responsable de mis actos y nunca permití que los momentos de angustia y dolor me hicieran flaquear frente a algún vicio”.

Hoy, su hija Wilesca Medina Cid tiene 17 años, la misma edad que ella tenía cuando esta nació. “He sentido miedo de que ella pase por alguna situación similar, por eso le hablo francamente de sexo, de lo hermoso que es tener hijos, pero en el momento correcto. Ella sabe a la perfección todas las necesidades que pasé, de mi angustia y dolor y de cómo hemos salido a camino. Soy su madre y trato de ser su amiga, le he dado la libertad de que me hable y me pregunte todo cuanto necesite saber”.

Wilesca y Escarlyn comparten ‘literalmente todo’. “Los domingos vamos a casa de mis abuelos, ella me lleva al colegio, la acompaño al salón de belleza, disfrutamos los juegos de mesa… siempre estamos juntas”, dice la adolescente sin poder contener las lágrimas.

Escarlyn entiende que a ella le faltó orientación sexual y apoyo de parte de sus padres. “Dicen que la madurez se logra con los años, en mi caso esa madurez llegó con la cantidad de responsabilidades. El soporte del núcleo familiar es importante, el hogar es la primera escuela de la formación de una persona. Mi vida no fue ni es un cuento de hadas, pero hice de cada obstáculo un trampolín para avanzar. Una de las cosas que me ha ayudado a superarme es leer, como tuve una vida muy solitaria siempre me acompañó un libro. Aún tengo muchos miedos, pero he aprendido a manejarlos”, concluye Escarlyn Cid.

LA VOZ EXPERTA. Arisleydi Sánchez, psicóloga clínica infantojuvenil, sostiene que este caso es un reflejo de las repercusiones que tiene el embarazo en las adolescentes: un gran porcentaje son rechazadas por su propia familia, problemas emocionales, sociales y económicos. Sin olvidar las complicaciones médicas que supone un embarazo a temprana edad.

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